Malaquías 3, 19-20a
Es que alguien le tiene que poner en su sitio”, escuché decir con fuerza a un transeúnte. Y, sin quererlo, pensé en estas lecturas del final del año litúrgico, tan llenas de imágenes fuertes, casi de ultimátum. Pareciera que hablan de justicia como quien espera un castigo para otros. Pero la Palabra siempre va más hondo que nuestras reacciones humanas.Malaquías anuncia que llegará un día en el que todo será puesto en verdad: “Para vosotros, los que teméis mi nombre, brillará un sol de justicia y hallaréis salud a su sombra” (Mal 3,20). No habla de miedo paralizante, ni de un Dios vengativo, sino de una confianza reverente.

Ese “temer” no es terror: es reconocer que Dios es Dios y que nosotros necesitamos su luz para no perdernos.
El P. Eladio lo entendió así:
“Bueno es que tema, pero santamente… desconfiando de sí misma y confiando cada vez más en la misericordia de Dios”(640,3).
Así es el verdadero temor santo: una mezcla de humildad y abandono, la certeza de que Dios no nos deja a la intemperie, sino que nos cubre con la sombra de su justicia que sana, restaura y enciende esperanza.
Frente a un mundo que pide “poner a otros en su sitio”, la Palabra nos invita a ponernos nosotros bajo el Sol de Justicia, dejarnos iluminar y sanar, para ser luz humilde en medio de tanta oscuridad.
Equipo de Redes, JST.





