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El ser humano ha sido creado por Dios para la vida, su destino es eterno. La montaña es de manera figurativa lugar de encuentro entre Dios y el hombre, entre lo divino y lo humano.

En este pasaje, Marcos nos muestra a Jesús enviado del Padre para llevar a plenitud el misterio de la Redención, que todos los pueblos en Él  tengan vida.

La luminosa presencia de Jesús en la montaña proclama mensajes liberadores, nos ofrece su luz y suscita en nosotros la necesidad de sembrar semillas de nueva humanidad, de compromiso con quienes sufren, de generosidad, de justicia e inclusión.

¡Señor que bien se está aquí¡ exclamaron Pedro, Santiago y Juan en la montaña. Realmente no sabían lo que decían, les deslumbró el exceso de luz que su mente pegada a la tierra no podía comprender.

Jesús es la clave para entender la Escritura y la vida, es el Mesías glorioso, pero el camino para la gloria Pasa por la cruz. Los discípulos esperaban un Rey poderoso, pero Jesús habla de Cruz, los caminos de Dios no siempre son nuestros caminos. Los planes de Dios trastocan y superan nuestros planes.

Hna. Raquel Rosillo

El Espíritu empujó a Jesús al desierto, lugar propicio para el encuentro con Dios y con uno mismo. La soledad del desierto nos encara con nuestra realidad más profunda. En él podemos tocar fondo en nuestra realidad. Solo desde el convencimiento personal con el propio límite, se puede proclamar que el Reino ha llegado. Que es posible cambiar el ritmo de la propia vida sumergida a veces en la rutina que nos deja vacíos. Que es posible la conversión para mantenernos y ser para otros Buena Noticia. Más que nunca hoy el mundo, cada uno de nosotros, está necesitado de Buenas noticias.

¿Y si hiciéramos la experiencia de ser Buena Noticia para los demás?

No tengamos miedo de escuchar el mensaje de Jesús. Dejémonos llevar por el Espíritu al desierto para, desde el vacío y la soledad, encontrarnos con nuestra realidad, que no siempre estamos dispuestos a aceptar y que tratamos de maquillar con múltiples excusas.

La conversión, el cambio son imprescindibles para anunciar y proclamar el Evangelio del Reino y convertirnos en Buen Noticia para los demás. Quizá no nos resulte fácil pero ¿Tendría sentido nuestra vida si no hacemos de ella el anuncio gozoso de que un mundo de hermanos es posible?

Comentario del Evangelio I Domingo de Cuaresma.Mc.1,12-15.

21 de febrero de 2021

Hna. Raquel Rosillo

Sabemos, Padre Eladio, que este mes de febrero es para ti especial, y también lo es para nosotros. En él viniste a la vida, cobijado por el calor de una familia, como desearían venir todos, aunque, por desgracia, no siempre es así. ¿Será "por desgracia" o más bien por egoísmos, personales y colectivos?.

Son muchas las preguntas que nos afloran cuando abrimos ojos y oídos para captar lo que ocurre en el mundo. ¡Cuántos problemas, P. Eladio! ¡Cuántos excluidos de la mesa común en la que tendría que haber para todos! Y nos preocupamos y nos sensibilizamos.  ¿A ti qué te parece todo esto, P. Eladio? ¿No vino Jesús, el Hijo de María y de José, a decirnos que teníamos un Padre común?

¿No fue tu “sueño”, el que empezó a cobrar vida aquel 18 de Febrero de 1886, un deseo de poner calor de hogar en cualquier situación, cualquier ambiente, de hacer habitable el mundo que nos rodea?.

Hagamos vida-realidad lo que proclamamos. ¡Dejemos que penetre aire fresco que nos mantenga limpios de sombras y egoísmo!

Ayúdanos tú, P. Eladio, a hacer de la familia humana, un hogar como fue el de María y José, en el que se educó Jesús. Él trajo a la tierra la calidez del amor Padre y aprendió a hacer de su vida una casa abierta al Viento. Gracias por hacernos comprender que el amor traspasa el umbral del tiempo y las barreras de raza, cultura, religión y maneras de entender la vida, porque Dios es Padre de todos.

La mayor perfección cristiana consiste en el amor de Dios por sí mismo y en el de nuestro prójimo por amor a Dios (996,2)

Son muchos laicos los que comparten con nosotras la espiritualidad Josefina Trinitaria. 

Te invitamos a escuchar el testimonio de Flor y Luis Fernando, desde Honduras. 

 

Somos invitadas a caminar hacia el Portal de Belén, de la mano de San José y a poner la mirada en él, en el contexto del Año Santo Josefino ofrecido por el Papa a la Iglesia en la Carta Patris Corde (8 de diciembre de 2020).

Queremos caminar hacia la presencia de Dios que se hace hombre por amor y desea llenar nuestro corazón de ese amor y paz. Comenzamos nuestro peregrinaje a Belén teniendo como trasfondo todo lo vivido en este año y lo que nos sigue preocupando: la pandemia del Covid-19, la enfermedad de muchas personas, la pérdida de seres queridos, los desastres naturales, los emigrantes que buscan un futuro mejor, los explotados en el trabajo, los que no lo tienen, las colas del hambre, las decisiones políticas que dificultan la misión, las leyes que enmascaran una escasa valoración de la vida humana y dictan la forma “digna” de acabar con la vida de personas no productivas…La lista sería interminable y si nos dejásemos llevar del desaliento terminaríamos concluyendo que a esta humanidad no hay nadie que la redima.

Pero el grito de adviento: ¡Levántate, pueblo mío, levántate, viene el Señor!, nos abre a la esperanza. Dios sigue naciendo en este mundo nuestro. Cada día estrena su apuesta por el ser humano y viene a su casa, con tesón inquebrantable y con el deseo de ser recibido por los suyos. Y los suyos somos todos sin exclusión. De la mano de José, acojamos el momento actual con la fuerza y el amor suficiente para construir un futuro mejor; aunque todo parezca contrario a estos deseos, aunque se trunquen proyectos y la esperanza se esfume. Que, como nuestro Santo Protector, sepamos descubrir la presencia de Dios y aceptemos sus planes desde la fecundidad del silencio. La historia de la salvación se cumple creyendo contra toda esperanza a través de las debilidades y errores humanos.

Dice el papa Francisco en la carta Patris Corde (PC), que muchas veces pensamos que Dios se basa sólo en la parte buena y vencedora de nosotros, cuando en realidad la mayoría de sus designios se realizan a través y a pesar de nuestra debilidad. También a través de la angustia de José pasa la voluntad de Dios, su historia, su proyecto. Y así nos enseña que tener fe en Dios incluye creer que Él puede actuar a través de nuestros miedos, de nuestras fragilidades, de nuestra debilidad. Y nos enseña que, en medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca. A veces, nosotros quisiéramos tener todo bajo control, pero Él tiene siempre una mirada más amplia.

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