Ejercicios Espirituales

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En este tiempo inimaginable que nos ha tocado vivir son muchas las palabras que han pasado a formar parte de nuestras conversaciones o de nuestras escuchas, entre ellas RESILIENCIA: la capacidad del ser humano para sobreponerse a situaciones límite.

A ser resilientes ayuda y mucho el silencio.

Estos días hemos tenidos la oportunidad de cultivar el silencio enriquecedor. La ausencia de actividad frenética y de ruidos constantes externos e internos nos permite adentrarnos en nuestro interior y nos posibilita vivir el momento presente.

La capacidad de estar aquí y ahora, sin dejarnos secuestrar por el pasado o por el futuro, es una herramienta fantástica para liberarnos de tensiones, miedos, y pensamientos recurrentes, la mayor parte de ellos negativos. Cuando nuestra mente queda atrapada en el pensamiento divagante negativo, desencadena emociones negativas que generan directamente sentimientos tremendos de impotencia y de desesperanza que a su vez activan áreas del organismo: musculatura, corazón, aparato digestivo, etc. provocando estrés, incluso afectando a la integridad de algunas neuronas de nuestro cerebro.Todo ello baja las defensas y aumenta la posibilidad de enfermar.

Va a ser inevitable caer en estos pensamientos pero podemos tomar consciencia y levantarnos sin dejar que dañen nuestro organismo. Por el contrario, la capacidad de dejarnos invadir por pensamientos positivos nos ayuda a tomar buenas decisiones y protege nuestro sistema inmune.

A ser resilientes ayuda también la capacidad de escucha activa. ¿Qué implica esta escucha activa?
-Escuchar al otro con toda la atención posible, sin dejar que nuestra mente se llene de las evocaciones personales generadas por lo que estamos escuchando.

-Concentrarse totalmente en la persona que habla como si no existiera nadie más en el mundo.

-No estar preparando nuestra respuesta mientras escuchamos.

-No estar pensando en otras cosas que tenemos que hacer.

-No responder a la otra persona con situaciones personales: pues a mí… pues yo…

-No expresar una mirada distraída o divagante.

-No estar pendiente de nuestro teléfono.

-Implicar mente y cuerpo con el lenguaje no verbal.

 


¿Y por qué ayuda la escucha activa a ser más resilientes?

Porque nos descentra, nos hace salir de nosotros, nos invita a prestar toda nuestra atención al otro y nos saca de nuestro egoísmo. Además, la escucha activa favorece las relaciones personales de calidad que protegen nuestro psiquismo y nos hacen más fuertes y resistentes ante las dificultades.

Hna. Mercedes Conde Muro, JST

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