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Evangelio del Domingo. Jn.6, 41-51

Los judíos murmuraban de Jesús porque no entendían nada, Jesús decía: “Yo soy el pan bajado del cielo”. Y ellos se preguntaban: “¿Acaso este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a sus padres. Vivían en Nazaret y él era carpintero. ¿Cómo se atreve a decirnos que “es el pan bajado del cielo”? Le habían visto con José en la carpintería y acompañar a su madre. ¿Por qué dice entonces que es pan y además bajado del cielo? Los judíos no lo entendían ni nosotros tampoco. Nosotros también somos incrédulos para ver que Jesús está en cada hombre que es diferente a nosotros. Él es ese pan que se deja amasar. Él es ese pan que se deja acariciar y quiere que nosotros amemos a tantos y tantos migrantes que llegan a nuestras costas y queremos enviarlos en caliente de nuevo a sus tierras.

 

Jesús asegura que el que come de ese pan tiene asegurada la vida eterna. El único, que puede darnos a todos un seguro de vida eterna, es Jesús. Los hombres hablamos de seguros de vida. Esos seguros son perecederos; queremos aferrarnos a ellos como a una piedra preciosa. ¡Qué necios somos! Nos olvidamos de la promesa de Jesús y seguimos tras las huellas de los hombres. La fe nos une a Cristo, que es la fuente de la vida. Por eso asevera Jesús: “Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna”.

“Jesús es «el pan vivo bajado del cielo», no ha de ser confundido con cualquier fuente de vida. En Jesucristo podemos alimentarnos de una fuerza, una luz, una esperanza, un aliento vital… que vienen del misterio mismo de Dios, el Creador de la vida. Jesús es «el pan de la vida».

Por eso, precisamente, no es posible encontrarse con él de cualquier manera. Hemos de ir a lo más hondo de nosotros mismos, abrirnos a Dios porque «quien escucha al Padre y aprende vendrá a mí». Nadie puede sentir verdadera atracción por Jesús, «si no lo atrae el Padre que me envió». José Antonio Pagola

Qué bonito sería este mundo si los espacios vitales estuvieran bien repartidos. Que hubiera viviendas para todos; colegios para todos, medicinas para todos y “pan para ser  partido y repartido para todos”. Este es el proyecto de Jesús. No nos crucemos de brazos y comencemos el PROYECTO.

Hna. Rosa Mº Guijo, JST

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