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Jesús es un gran observador de la realidad que le rodea. Su mirada intuye detalles que a nosotros nos pueden pasar desapercibidos y que, sin embargo, suponen un cambio sustancial en la manera de situarnos ante la vida.

Son dos viudas las que el Evangelio nos presenta en relación a Jesús: la de Naín, cuya pérdida  le conmueve hasta el punto de devolverle la vida a su único hijo; y esta viuda pobre e indigente, del texto de hoy, que merodea el templo y hace su ofrenda a Yahvé con extraordinaria generosidad, porque en el fondo, le está ofreciendo su vida.

Las viudas en la época y cultura de Jesús estaban condenadas a la mendicidad, a la invisibilidad y la marginación, a menos que tuvieran algún hijo varón que respondiera por ellas. Posiblemente este era también el caso de la Virgen, y quizá por ello, a Jesús le enternecían de forma especial estas mujeres.

Los criterios de Jesús no son los del mundo. ¿Quién da más? Es una interpelación a los discípulos de todos los tiempos. ¿Aquel que da mucho de lo que le sobra, o quien da todo, incluso lo que necesita para vivir? No es cuestión de cantidad, sino de entrega, de cuánto hay de nosotros en aquello que damos.  ¿Qué ofrecemos de nosotros a Dios y a los demás? ¿Qué nos reservamos? ¿Qué necesitaríamos dar para entregarnos del todo?

Es una llamada a la confianza, a la gratuidad, a percibirnos como don que se entrega a pesar de nuestra fragilidad, y a contemplar la vida desde esa mirada de Jesús que es capaz de descubrir riqueza en la aparente escasez.

Hna. Marta Beneyto, JST

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