El sí de María, radical, instantáneo, profundo, interpela nuestras respuestas condicionadas, analizadas, sopesadas. Muchas veces se da en nuestra vida la parálisis por análisis.

Sin embargo, cuando confiamos en alguien, estamos convencidos de que sus propuestas y retos no van a dañar nuestra vida, sino que la va a hacer crecer. La confianza y la fe nos llenan de fuerza para hacer realidad nuestros sueños, nuestro propósito de vida, e impiden que cualquier obstáculo se interponga a ellos.

María nos invita a confiar en quien emana solo bondad. Así debió ser su experiencia: Sentir una confianza tan absoluta en Dios que la impulsa a embarcarse al instante en su proyecto: Ser la madre del mismo Dios. No faltarían en su respuesta sobrecogimiento, dudas, temor…, pero por la fe y la confianza, María se abandona en las manos del Padre y colabora haciendo posible la Encarnación de Dios que decide vivir entre nosotros y “hacerse uno de tantos”.

Lc. 1, 26-38

Hna. Mercedes Conde

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